Friday, October 05, 2007

Bad blood

Ayer los hijos del dictador fueron encarcelados por los crimenes de su padre; lo que incluso la Biblia prescribió (¨"Las culpas de los padres...") fue eficientemente puesto en orden por el diligente (y premiado, Urbi et Orbi) empleado del gobierno.

Pobres mortales que presencian la caída de los hijos de Júpiter (¿o Áres?) y se refocilan de su desgracia, que no es otra que la desgracia de la Humanidad. Muchos serán cegados por su gozo enajenado.

Mientras millones miran sin ver, y entienden que el espectáculo es necesario para no sentir las miasmas de los estáblos de Augías, otros, pocos ululan cual fedayines tras el 11-S. 

Quizas sea la oportunidad que el demiurgo proporciona a los semidioses caídos para su redención. Ser arrastrados por las multitudes vociferantes y escúpidoras, ver tu nombre basureado en mercados e urinales, no es más que la ácida sustancia de la redención.

¡A por ella semidioses! (y olvidáos de los oscuros homúnculos de la nación).

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